¡ Ser Decente, te hace Diferente !

 

 

 

 


    

 

 

    

 

        Por medio de la televisión o amigos/as, a menudo los niños/as aprenden palabras las cuales sus propias familias piensan que no son correctas para que ellos/as las usen. Frecuentemente los/as niños/as no saben el significado de esas palabras. Los padres pueden ayudar a que los/as niños/as aprendan palabras aceptables.

     Angelitos que dicen muchas `palabrotas`

           No se extrañe si sus hijos dicen malas palabras, recuerde que los niños aprenden por imitación y tal vez usted ha estado contribuyendo a ello

           En algún momento la mayoría de los padres se ha tenido que enfrentar a esta desagradable situación. Su pequeño angelito de buenas a primeras comienza a decir palabras soeces.

           De esa boquita salen con la mayor naturalidad algunas palabrotas que te dejan o temblando de miedo pues se pregunta dónde las habrá escuchado o que provocan, sin querer, un ataque incontrolable de risa. Es importante, sin embargo, que se prepare para esta situación.

      Las malas palabras

           "En la mayoría de los casos no saben lo que significan o implican las malas palabras. Simplemente han observado a otros adultos, muchas veces inclusive a sus padres, decirlas, y ellos también las repiten.

           Es importante enfatizar, sin embargo, que no tienen ningún ánimo de ofender".

           Por lo tanto, nuestros pequeños, que son como esponjitas, han aprendido este comportamiento de la gente que les rodea, de otros niños o las han escuchado en la radio o la televisión.

           A pesar de que no hay maldad en la utilización de este lenguaje ofensivo, el pequeño pronto se da cuenta de que su comportamiento provoca una reacción en los adultos.

           Ya sea que el padre amenace con que le "va a lavar la boca con jabón" al niño o que no pueda contener la risa, lo cierto es que el menor se convierte en el centro de atención por un comportamiento negativo.

           Sobre este particular, el doctor Gelpí dice que, bajo ningún concepto, los adultos deben reírse del exabrupto del menor. "Muchas personas no pueden contener la risa y, sin querer, fomentan ese comportamiento".

"Hay que tener muchísimo cuidado con las palabras. Las palabras no son inertes como este vaso, no son inocentes ni son impunes.

Si no las respetamos, no nos respetamos a nosotros mismos".

Jose Saramago