¡ Ser Decente, te hace Diferente !

 

 

Introducción

   Al hablar no nada más decimos, sino que también hacemos cosas, tales como prometer, informar, preguntar, ordenar, etcétera.

   Una de esas "cosas" que también hacemos al hablar es insultar. El insulto, pues, cumple una de las funciones principales y necesarias dentro de la comunicación. Los hombres necesitamos insultar y lo podemos hacer de muy diversas maneras, utilizando formas sutiles, disfrazadas, apoyándonos exclusivamente en el tono de nuestra voz o usando palabras especializadas en herir, sobajar y/o lastimar a las personas, es decir, haciendo uso de las llamadas "malas palabras" o groserías.

Su importancia

   En nuestra lengua, las groserías poseen una carga semántica única, la cual no lograríamos expresar si las reemplazáramos con alguna otra expresión, por ejemplo, si en una situación determinada nos molesta el comportamiento inoportuno o lo dicho por alguna persona, y nos sentimos con toda la libertad de ofenderla, tenemos dos opciones, o bien le decimos "eres una persona que posee poca inteligencia" o recurrimos a una grosería: "eres un idiota". Aunque en ambas formas lo que se está señalando es la poca capacidad intelectual del individuo, la segunda expresión refleja mayor énfasis en ese defecto.

   Asimismo, las groserías representan una válvula de escape para la tensión por la que pasamos, al insultar descargamos a tal grado nuestro enojo, nuestra impotencia, nuestro dolor, que se podría decir que el insulto puede cumplir también una funcionan catártica en el ser humano.

   En el lenguaje escrito la presencia de insultos ha sido común, su uso ha quedado registrado en todas las épocas del español, incluso en el lenguaje poético,

   En este punto se hace necesario aclarar que no siempre hemos insultado con las mismas palabras, es decir, una expresión que era ofensiva en el s.XV, ahora pudiera ya no serlo, ya que las lenguas son entidades vivas: se transforman a lo largo del tiempo. El idioma español ha registrado numerosos cambios en el transcurso de su historia, tanto en su morfología como en su fonética, en su sintaxis y, desde luego, en su semántica; han desaparecido algunas palabras y han surgido otras.

   Así pues, las palabras de una lengua sufren procesos que pueden ser motivados tanto por causas externas (sociales, psicológicas, influencias de otras lenguas, etc), como por causas internas (procesos internos a la lengua misma). Las llamadas "malas palabras" no han quedado fuera de estas transformaciones. Veremos a continuación cómo muchas de las que ahora clasificamos como groserías no eran consideradas como insultos, sino que el significado ofensivo se incorporó a ellas ya avanzado nuestro idioma, mostraré, en resumen, cómo es que han surgido las palabras que ahora conllevan una carga ofensiva.